Wokismoan kultura-apropiazioa

 

wifi2025-10-11

La cultura woke no es un fenómeno enteramente nuevo, y sus primeras manifestaciones en el debate público se remontan a mediados del siglo XX. Ya en la década de los años 50 tuvieron lugar varios casos muy populares que son claros precedentes del mismo. Sin duda, el ejemplo más paradigmático fue el de Elvis Presley, el “Rey del Rock and Roll”, quien generó una intensa y masiva polémica sobre cómo su éxito y su estilo se basaron en la explotación de géneros musicales y expresiones afroamericanas, como el blues, el gospel y el R&B. La crítica observó que Elvis, un hombre blanco, se convirtió en leyenda al “empaquetar para otros blancos los tesoros de la comunidad negra”, recibiendo fama y beneficios económicos que eran inaccesibles para los músicos negros debido a la segregación racial. Si bien artistas afroamericanos como B.B. King defendieron a Elvis por su papel integrador y por abrir puertas a la música negra, su ascenso fue visto por otros como una explotación de un género, resultando en el “blanqueamiento” de la música negra.

Otro ejemplo muy popular fue el protagonizado por el cantante blanco estadounidense Pat Boone, quien alcanzó una enorme fama en los años 50, en plena eclosión del rock and roll, con un estilo particular: una versión suavizada del rhythm and blues afroamericano. En su momento fue todo un ídolo juvenil “apto para todo público”, por lo que muchas emisoras de radio y discográficas que se negaban a emitir o promocionar música negra por prejuicios raciales lo auparon hasta lo más alto. En ese contexto, un buen número de artistas blancos empezaron a grabar versiones “limpias” (cover versions) de canciones originalmente compuestas o interpretadas por músicos afroamericanos desconocidos para el gran público, y se criticaba que se lucraran haciéndolo. Durante la década siguiente, ya en los años 60, algunos intelectuales afroamericanos como James Baldwin y Malcolm X empezaron a denunciar la explotación generalizada de la cultura negra (música, moda, arte) por parte de artistas blancos. Aquellos debates históricos anticiparon las complejas y polarizadas discusiones que hoy se articulan en torno al concepto de apropiación cultural.

La apropiación cultural en la actualidad

Este fenómeno social ha cobrado una prominencia exponencial desde la década de 2010, dinamizado por la cultura woke y las redes sociales, y se ha consolidado como una de las terminologías más relevantes para la reflexión ética sobre cuestiones identitarias. No se usaba aún esta expresión, pero la idea estaba clara.

En un sentido general, la apropiación cultural tiene lugar cuando elementos de una comunidad son tomados y explotados por personas o grupos que, al encontrarse en una posición de privilegio, no respetan su origen ni otorgan el crédito adecuado ni el contexto cultural en que se originaron. Desde la perspectiva woke, abanderada por la llamada izquierda posmoderna, la apropiación cultural es vista como una manifestación directa del privilegio blanco y de la persistencia de la dominación occidental y colonial, y se entiende que esta práctica puede llevar a la explotación, la desvalorización y la estigmatización de la cultura de origen. El problema acontece cuando un grupo dominante hace suya la voz (o la expresión) de un miembro de otra cultura o colectivo. En sentido negativo, ocurre cuando se produce un perjuicio contra dicho grupo en virtud de su capacidad como sujeto productor de conocimiento.

Los casos de apropiación suelen caracterizarse por:

el cambio de contexto cultural,

el desequilibrio de poder entre quien se apropia y el titular original,

la pasividad o falta de control del titular sobre su propia cultura,

una reducción de la credibilidad de los sujetos como fuentes de información, de acuerdo con estereotipos establecidos por los grupos hegemónicos,

no reconocer la autoría del sujeto afectado,

y, por último, la disolución del significado y el simbolismo del objeto apropiado (por ejemplo, una prenda de vestir o una obra artística), que puede ser despojado de su sentido original para ser reducido a su valor estético o puramente comercial.

Los debates contemporáneos sobre apropiación cultural cubren una amplia gama de elementos, desde música y moda hasta gastronomía. Un ejemplo llamativo se dio con el grupo suizo Lauwarm: todos sus integrantes eran blancos, tocaban reggae y llevaban rastas. Protagonizaron un incidente notorio en Alemania en 2022 cuando un concierto suyo fue interrumpido porque dos de sus miembros llevaban rastas. El reggae es música jamaicana, y los blancos que la practican en ocasiones son acusados de perpetrar una apropiación estética y cultural de una de las tradiciones de poblaciones sometidas o marginadas. Es que las rastas son un peinado con un significado cultural y espiritual muy fuerte para la comunidad rastafari, ligado a la resistencia negra. Para algunos, era apropiación pura y dura, una falta de respeto; para otros, era una señal de admiración o de intercambio cultural en un mundo global.

En el contexto español, la cantante catalana Rosalía generó una intensa controversia tras la popularización de su música con bases flamencas a partir de la publicación de su primer disco, Malamente. Las acusaciones de apropiación cultural se centraron en que, al ser una “forastera” (ni andaluza ni gitana), ella se apropió de elementos y emblemas comúnmente atribuidos a la cultura gitana para su teatralización y beneficio. Quienes la acusaban, siendo ella catalana y paya, afirmaban que se servía de símbolos y sonidos de una comunidad marginada de los que ella misma se beneficiaba. Por otro lado, estaba la defensa de Rosalía y de muchos otros, que decían que el flamenco es mestizo por naturaleza, que ella lo había estudiado a fondo y lo estaba llevando al mundo con respeto y además innovándolo. Los críticos argumentan que, al no enfrentar la marginalización estructural que vive ese colectivo, su adopción del flamenco perpetuaría la explotación cultural.

La realidad es que, sin la innovación y el mestizaje, este estilo musical tan popular y característico no sería hoy como lo conocemos, por mucho que les cueste admitirlo a los puristas. Paco de Lucía fue fundamental en este sentido de cara a introducir y popularizar el cajón en el flamenco. Durante una gira por Perú en 1977, descubrió el instrumento a través del músico peruano Caitro Soto. Fascinado por su sonoridad —la identificó como ideal para imitar el taconeo y el golpe de la planta del bailaor— lo introdujo en el flamenco con la ayuda de su percusionista Rubem Dantas. Juntos lo adaptaron y lograron un sonido que combinaba la agudeza del tacón con el grave de la planta. Tras conseguirlo, introdujeron el cajón en sus actuaciones y, en poco tiempo, el instrumento se convirtió en un elemento esencial del flamenco tradicional.

En el ámbito de la moda, la apropiación cultural se produce cuando se adoptan diseños o técnicas artesanales de otras culturas. A menudo, las prendas de vestir son extraídas de su cultura de origen para incorporarlas al mercado internacional, donde su único valor reconocido es el estético. Un caso bastante conocido es el de la marca de ropa interior Victoria’s Secret, que ha enfrentado acusaciones de apropiación cultural en varias ocasiones, especialmente en relación con sus desfiles de moda. Esto contribuyó a que la marca reevaluara su enfoque hacia valores emergentes y más inclusivos, llevando al fin de sus famosos espectáculos. En el pasado, el uso de elementos culturales en los desfiles de Victoria’s Secret —como peinados o trajes inspirados en diversas culturas— fue percibido por muchos como una falta de respeto y una apropiación que no reconocía su origen ni su significado. Las acusaciones de apropiación cultural también se relacionaron con la falta de diversidad y de representación genuina en sus campañas y desfiles, lo que generaba críticas de parte de movimientos sociales que promovían la positividad corporal y la inclusión. En realidad son muchos los ejemplos de controversias relacionadas con este asunto que se han hecho virales durante las últimas décadas. De hecho, podríamos hacer un vídeo con un top 10 de casos polémicos en la cultura pop que se hicieron mundialmente conocidos. Eso sí, tendréis que dejarlo claro en la sección de comentarios.

En la vida cotidiana, surge la pregunta de si un cocinero blanco europeo puede cocinar un guiso típicamente chino. La seriedad del concepto obliga a debatir quién es miembro legítimo de un grupo y si una persona mestiza puede recrear obras de arte de un artista de origen específico, si su identidad no es considerada lo “bastante pura” por los custodios culturales.

La disyuntiva entre apropiación, apreciación y hibridación. La respuesta de la cultura woke a la apropiación cultural se manifiesta en la llamada cultura de la cancelación, que intenta retirar el apoyo a personas u organizaciones que no cumplen con las expectativas de un sector social lo suficientemente amplio y activo. Esta actitud es vista por sus críticos como un intento de limitar la libertad de expresión y como una forma de censura. La ideología woke, al ser beligerantemente identitaria, niega toda posibilidad de diálogo con los “dominadores”, afirmando que estos no tienen derecho a expresar su opinión.

De hecho, intelectuales críticos con el wokismo señalan que la condena radical de la apropiación cultural lleva a un hermetismo discursivo que aboga por la no intervención en las sociedades, buscando establecer líneas claras y una supuesta “pureza” de las formas culturales. Sin embargo, esta postura se opone a la naturaleza histórica de la humanidad, donde el mestizaje y el intercambio entre culturas han sido el común denominador. Se cuestiona si tiene sentido la pretensión de que la cultura negra sea solo para los negros o de que el flamenco solo pueda tocarlo un músico andaluz, ya que la diversidad se genera cuando se desencadenan las apropiaciones. De hecho, Agustín Fernández Mallo afirma que no conoce ninguna manifestación cultural que no provenga del apropiacionismo, y que la adopción de materiales de otras culturas es lo que permite el avance de la cultura.

La tensión entre el intercambio cultural saludable y la explotación se aborda mediante la distinción entre los conceptos de apropiación cultural y apreciación cultural. La apreciación cultural se da cuando se disfruta y respeta la cultura de origen, mostrando disposición a aprender, retribuir y honrarla, sin dañarla ni apropiarse de ella. La distinción fundamental radica en las consecuencias éticas del uso de los elementos culturales, especialmente en el contexto subyacente a una intención artística.

Una relación ética con la apropiación no se centra en la prohibición, sino en un mandato: “¡Apropiate, pero hazlo correctamente!”. Esto implica reconocer las relaciones de poder, crear algo nuevo a partir de distintas influencias y visibilizar y reconocer los elementos originales de la obra.

En última instancia, para los críticos, cuando los casos de presunta apropiación cultural son realmente perjudiciales, la injusticia implicada se explica mejor como discriminación o explotación (por ejemplo, el robo de canciones a artistas negros durante la segregación) que como un estigma sobre el sano intercambio y la influencia cultural mutua.

Si te ha interesado el tema tratado en este vídeo y te gustaría profundizar más en él, tienes un capítulo de nuestro podcast dedicado al mismo en el que se añaden nuevos datos y perspectivas. Abajo en la descripción tienes los enlaces a nuestro contenido en Spotify e Ivoox, realizado gracias a NotebookLM, una herramienta de inteligencia artificial desarrollada por Google que actúa como un asistente de investigación personal.

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