"La religión woke", de Jean-François Braunstein

 

wifi11.10.2025

Cuando la moral se disfraza de revolución

En su provocador ensayo La Religión Woke, el filósofo francés Jean-François Braunstein se adentra en uno de los fenómenos culturales más discutidos de nuestra época: el wokismo —ese “despertar” que, en nombre de la justicia social, pretende reescribir los fundamentos de la realidad misma. Pero Braunstein no lo aborda como una simple corriente ideológica: lo ve como un nuevo credo, una religión secular que ha encontrado en las universidades su templo y en las redes sociales su púlpito global.

Del campus al catecismo

El libro se estructura en cuatro capítulos que recorren las doctrinas, los rituales y las contradicciones del movimiento. El autor sitúa su génesis en el mundo académico estadounidense, donde la palabra woke —originalmente un llamado afroamericano a “mantenerse despierto” ante la injusticia— se transformó en una bandera moral de las élites universitarias. Braunstein lo llama, con ironía, “la primera religión nacida en las universidades”: una fe sin Dios, pero con dogmas, pecados y herejías.

Creer porque es absurdo

Uno de los ejes más punzantes del ensayo es la idea de que el wokismo se sostiene sobre una “lógica del absurdo”. Siguiendo la paradoja de Tertuliano —creo porque es absurdo—, Braunstein sostiene que aceptar lo inverosímil se ha convertido en prueba de pureza ideológica. Frases como “las mujeres tienen pene” o “todos los blancos son racistas” operan, según él, como credos de pertenencia más que como afirmaciones racionales.

En este contexto, el autor observa que los adeptos al wokismo suelen provenir de entornos acomodados, lo que él denomina “creencias de lujo”: dogmas que funcionan como símbolo de estatus moral. Los “copos de nieve” (snowflakes) —figura ya célebre de la cultura digital— encarnan esa sensibilidad hipersusceptible que ve microagresiones en cada desacuerdo.

El cuerpo como enemigo

La Teoría de Género ocupa el centro de este nuevo catecismo. Para Braunstein, es el “gancho comercial” del movimiento, su producto más visible. Al proponer que el género es una elección totalmente independiente del sexo biológico, el wokismo persigue una liberación absoluta del cuerpo, transformando a las personas trans en íconos de una emancipación radical.
Pero esa liberación, advierte el autor, tiene un precio: la sustitución de la realidad por la creencia. En este “mundo imaginario”, la verdad objetiva cede ante la subjetividad de las identidades, y cualquier disidencia se castiga con la ya conocida cancel culture.

El fin del universalismo

Braunstein ve en la Teoría Crítica de la Raza y la Interseccionalidad una segunda fase del dogma woke: el rechazo al universalismo ilustrado. Allí donde la razón moderna buscaba igualdad, el wokismo impone jerarquías morales basadas en la identidad. La noción de “privilegio blanco” se convierte en un nuevo pecado original: una culpa biológica imposible de redimir, que solo puede expiarse mediante una “discriminación antirracista” —una inversión simbólica del poder.

Contra la ciencia, en nombre del sentimiento

El último capítulo aborda quizá la batalla más inquietante: la que el wokismo libra contra la ciencia. En nombre de los “saberes situados”, el movimiento acusa a la ciencia occidental de ser patriarcal y racista. Braunstein denuncia este relativismo radical que reemplaza la verdad por la emoción y la evidencia por la vivencia. En un pasaje mordaz, advierte que incluso las matemáticas han sido tachadas de opresivas por exigir respuestas correctas.

Una religión sin cielo

A diferencia de las utopías del siglo XX, el wokismo no promete un futuro luminoso. Su horizonte, dice Braunstein, es puramente punitivo: no busca construir, sino purgar. En esta teología secular, la humanidad es culpable por definición, y su salvación —si la hay— pasa por el arrepentimiento colectivo o incluso la desaparición.

El ensayo concluye con un llamado a la resistencia intelectual. Para Braunstein, las universidades, antaño bastiones de pensamiento libre, se han convertido en seminarios de adoctrinamiento. La tarea, sugiere, no es otra que atreverse a decir “no”: un acto simple, pero profundamente subversivo en tiempos de fe ideológica.

Una crítica con filo filosófico

La Religión Woke es, en última instancia, un diagnóstico filosófico con vocación de manifiesto. Su tono es combativo, su ironía afilada, y su tesis —que la moral progresista se ha convertido en una nueva forma de superstición— no deja indiferente a nadie. Puede que Braunstein exagere en algunos trazos, pero su ensayo nos obliga a mirar de frente una pregunta incómoda: ¿en qué momento la emancipación se convirtió en una religión?

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Publicado: 31.08.2025

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