Denuncias Falsas, Género y la Batalla por la Narrativa

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El lanzamiento de "Esto no existe: Las denuncias falsas en violencia de género" de Juan Soto Ivars ha incendiado el debate en la sociedad española

Introducción: Un libro que divide aguas

El reciente lanzamiento de "Esto no existe: Las denuncias falsas en violencia de género" de Juan Soto Ivars ha encendido un debate que llevaba años latente en la sociedad española. Presentado como una investigación periodística, el libro se adentra en uno de los terrenos más sensibles del discurso público actual: la presunta existencia de denuncias falsas en materia de violencia de género. Lo que podría haber sido un trabajo más en el panorama editorial se ha convertido en un fenómeno cultural y político, abriendo una profunda brecha especialmente dentro de los sectores progresistas, tradicionalmente unidos en la lucha contra la violencia machista.

Los argumentos centrales del libro: desmontando un "tabú"
Soto Ivars estructura su obra alrededor de varios ejes principales:

1. La negación estadística y política
El autor argumenta que existe una resistencia institucional y social a reconocer la existencia de denuncias falsas. Según su investigación, aunque los estudios oficiales sitúan estas denuncias entre el 0,01% y el 0,03% de los casos, estas cifras serían cuestionables metodológicamente. Soto Ivars sostiene que la dificultad para determinar qué constituye una "denuncia falsa" -distinguirla de casos sin pruebas suficientes o retiradas por reconciliación- hace que las estadísticas oficiales minimicen el fenómeno.

2. El factor de la custodia
Un capítulo significativo del libro analiza cómo los procesos de divorcio contencioso, especialmente cuando involucran la custodia de menores, pueden generar dinámicas donde la denuncia por violencia de género se utiliza como estrategia legal. El autor presenta casos documentados donde, según su análisis, esta instrumentalización habría ocurrido.

3. El impacto social del "presunto culpable"
Soto Ivars dedica considerable espacio a examinar las consecuencias sociales, laborales y personales que enfrentan los hombres denunciados, incluso cuando finalmente son absueltos. El libro describe lo que llama "linchamiento mediático" y "condena social previa", argumentando que el principio de presunción de inocencia se erosiona en estos casos.

4. Crítica a la "ideología de género"
El autor cuestiona lo que considera postulados dogmáticos del feminismo institucional, especialmente la idea de que las mujeres "no mienten" en materia de violencia de género. Argumenta que esta premisa, aunque bienintencionada, elimina el análisis caso por caso y crea un clima donde cuestionar cualquier denuncia se equipara automáticamente con misoginia.

5. La instrumentalización política
Finalmente, Soto Ivars sugiere que la negación absoluta de las denuncias falsas responde a intereses políticos y a la necesidad de mantener cohesionados determinados relatos sobre la opresión estructural, que se debilitarían al reconocer matices y excepciones.

La refutación feminista y progresista: más allá de los datos
La respuesta desde el feminismo y gran parte de la izquierda ha sido contundente, articulándose en varios niveles:

1. El contexto estructural de la violencia
Los críticos argumentan que el libro comete un error fundamental: aislar casos particulares de su contexto estructural. Mientras España registra decenas de mujeres asesinadas cada año por violencia machista y miles de denuncias, centrarse en los posibles casos falsos -por mínimos que sean- distorsiona la percepción social y puede disuadir a víctimas reales de denunciar. La comparación frecuente es con el fraude fiscal: aunque existe, centrarse en él sin contextualizar su proporción respecto al total puede generar una narrativa engañosa.

2. Cuestionamiento metodológico
Numerosas expertas han señalado lo que consideran deficiencias metodológicas en el libro: selección sesgada de casos, generalizaciones a partir de anécdotas y falta de rigor estadístico propio. Se critica especialmente que Soto Ivars, al cuestionar las cifras oficiales, no ofrezca datos alternativos sólidos, sino impresiones y casos particulares.

3. El riesgo del "efecto enfriador"
El argumento más repetido señala que, independientemente de la existencia de casos aislados de denuncias falsas, la amplificación mediática de estos casos tiene un "efecto enfriador" sobre las denuncias reales. Históricamente, las mujeres han enfrentado enormes barreras para ser creídas cuando denuncian violencia, y este tipo de discursos reforzarían la desconfianza institucional y social hacia las víctimas.

4. La infraestimación real frente a la sobredimensión falsa
Desde el feminismo se insiste en que el problema real no son las denuncias falsas, sino la enorme infradenuncia de casos reales. Estudios internacionales sugieren que solo una fracción de las agresiones sexuales y casos de violencia de género se denuncian, mientras que las falsas representarían un porcentaje mínimo incluso considerando las estimaciones más altas.

5. El marco jurídico adecuado
Los críticos señalan que el sistema jurídico español ya contempla mecanismos para penalizar las denuncias falsas (artículo 456 del Código Penal), y que estos se aplican cuando corresponden. Argumentan que el libro presenta el sistema como si otorgara impunidad a potenciales denunciantes falsas, cuando la realidad es que cualquier denuncia está sujeta a investigación y contraste probatorio.

6. La instrumentalización por la derecha reaccionaria
Muchas voces progresistas han alertado sobre cómo el discurso sobre denuncias falsas ha sido históricamente utilizado por sectores anti feministas para desacreditar la lucha contra la violencia de género. El temor es que, independientemente de las intenciones del autor, el libro pueda alimentar narrativas que buscan revertir avances en protección a las víctimas.

Conclusión: ¿Diálogo imposible o debate necesario?
El verdadero núcleo de la polémica quizás no radique en la existencia o no de denuncias falsas -prácticamente nadie niega que puedan darse casos excepcionales-, sino en qué hacemos con ese reconocimiento. Para Soto Ivars, negar la discusión sobre estos casos por razones políticas es una forma de deshonestidad intelectual que termina dañando la credibilidad de la lucha contra la violencia de género. Para sus críticos, sacar esta discusión del contexto estructural de opresión y violencia machista es, en el mejor de los casos, una grave irresponsabilidad; en el peor, una puerta abierta al retroceso en derechos.

La amarga ironía es que ambas partes afirman defender principios progresistas: unos, la verdad caso por caso y la presunción de inocencia; otros, la protección de las víctimas de un sistema patriarcal y la evitación de daños colaterales en esa lucha. El abismo entre estas posiciones refleja una división más profunda en la izquierda y el feminismo sobre cómo equilibrar principios universales (como la presunción de inocencia) con el reconocimiento de asimetrías estructurales de poder.

Quizás el mayor valor de este doloroso debate sea forzarnos a confrontar una pregunta incómoda: ¿podemos construir un sistema que crea y proteja a las víctimas de violencia machista sin sacrificar las garantías procesales básicas? La respuesta, como demuestra la polémica en torno a este libro, sigue dividiendo a quienes, en teoría, comparten el mismo objetivo final: una sociedad más justa e igualitaria.

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Publicado: 31.08.2025

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